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Entre los objetos, sus amigos encuentran a Antonio Pérez en la Casa Gris

ACTUALIDADPosted by Amparo López 01 Dec, 2013 23:04:25
Amigos y objetos, dos conceptos que unidos ayudan a definir a Antonio Pérez. Antonio tiene muchos amigos y, en Cuenca, son muchos años ya exponiendo de todas las maneras imaginables esa idea que siempre le rondó sobre la materia que ha alcanzado categoría de arte y materializado en su colección. Antonio Pérez: amigos y objetos es el título del libro que se presentó esta semana alrededor de los objetos encontrados, espacio físico, en una de las salas que los muestra en la Casa Gris.

Lo que iba a ser una mera presentación se convirtió en una reunión distendida de amigos, sí, -porque quedó patente que los de Antonio son muchos- que tuvo bastante de homenaje a su figura.

A la Casa Gris llegó uno de sus compañeros de facultad y amigo, Fernando Sánchez Dragó, y entre los dos desgranaron algunas de las anécdotas de las que fueron protagonistas en los años en que se conocieron, que Sánchez Dragó dijo haber refrescado leyendo el libro. Junto con otros amigos, asistieron al entierro de Pío Baroja a quien habían conocido visitándolo en su casa. Allí habían coincidido con el escritor Ernest Hemingway a quien volvieron a encontrar en el cementerio, el día de la muerte de Baroja. Un momento concreto de la vida en el que Sánchez Dragó dijo haber recibido “una de las grandes lecciones en la vida. Lección de escritor impartida por un gran escritor”, se acercó a Hemingway para pedirle que diera una conferencia en la Facultad de Letras: “Hemingway desde lo alto de su estatura, con aquellos ojos azules, me miró sorprendido y me dijo: yo soy novelista, no doy conferencias. Recibí aquella lección aunque no la aprendí porque luego he dado no pocas conferencias”.

Al conocer al protagonista, Ángel V. Jiménez agradecido por dejarle “leer el libro de su vida”, no pudo quedarse al margen y recogió para que no se pierda en Antonio Pérez: Amigos y objetos, parte de la intensa vida que le ha escuchado contar al propio artista. Sus orígenes en Sigüenza, su marcha a Madrid, su llegada a la Facultad de Filosofía y Letras, su deambular, hasta encontrar lo que siempre tuvo -porque los objetos le acompañan desde siempre-, desde su casa en Sigüenza donde estaban “colgados de las paredes, en carpetas o debajo de la cama, tenían tomadas dos habitaciones de sus hermanos”, como indica en el libro Ángel V. que cuenta cómo al visitar Sigüenza y descubrirlos, Antonio Saura -que había ido hasta allí con Manuel Millares- los da a conocer al mundo en Cuadernos de El Paso.

Antonio Pérez hace infinidad de amigos por el camino, Rafael Sánchez Ferlosio, Fernando Sánchez Dragó, Claudio Rodríguez, Francisco Mateos, Juan Marsé...; conoce a Baroja, a César González Ruano, a Ernest Hemingway, a Vicente Aleixandre y tantos otros. “Estuvo rodeado siempre de gente de la cultura, escritores, poetas, historiadores, críticos y artistas que más tarde pasarán a formar parte de la cultura española e internacional”.

Antonio Pérez, practicó la lectura desde muy joven. Una afición que puede le llevara después a la edición. En  París estuvo encargado de la sección de poesia y arte en la editorial Ruedo Ibérico. Allí amplió su colección. Después crea la editorial Antojos, libros con ilustraciones y textos; en algún momento de su vida también escribió pero su dedicación era más amplia, su búsqueda está basada en el arte. En el concepto amplio de arte que es el que siempre ha practicado y nunca ha abandonado; lo que le ha permitido reunir hasta 1.800 obras de arte y más de 20.000 volúmenes que son los que componen su biblioteca.

En la presentación, Sánchez Dragó, trajo a colación un concepto en el que se basa la estética japonesa, wabi-sabi, que definió como “el cogollo, el canon. Es el criterio que rige la estética japonesa y, curiosamente, los objetos encontrados de Antonio son puro wabi-sabi. Wabi-sabi es lo que no tiene importancia, es lo abandonado, es lo que está un poco estropeado, es lo que no molesta nunca a la vista, es lo que pasa inadvertido...”. Pero el que mejor lo siente y define es Antonio: “el objeto encontrado es un guiño irónico al arte”.

“Y wabi-sabi es también -destacó Sánchez Dragó- este contínuo acarreo de objetos encontrados, ahora afortunadamente hallados, que se exponen en este Museo, que se exponen también en la casa de Antonio”.

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